¿Nos hacen felices nuestros gobernantes?

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Ágora

Por Jaime Martínez Ochoa

Una de las maneras más eficaces de medir el nivel de aceptación que tiene un gobernante es evaluar el grado de felicidad que pueden sentir y manifestar los ciudadanos. Lo dice el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han: “El político debe modificar la sociedad para hacer que sea posible más justicia y más felicidad”.

Así que cada vez que acudimos a votar estamos obligados a hacernos una pregunta: ¿Las propuestas de este candidato podrán hacerme feliz? También: ¿el partido del que proviene este político se ha preocupado por mi felicidad?

En términos concretos, los ciudadanos pueden hacerle la pregunta de una manera más directa a quienes los gobiernan. Por ejemplo: ¿Las políticas públicas del alcalde de Morelia, Raúl Morón, me han producido satisfacción? ¿Y las del gobernador Silvano Aureoles? ¿Y las del presidente Andrés Manuel López Obrador?

Pongamos sobre la mesa un tema coyuntural: el COVID-19. ¿Cuál de los tres gobernantes ha respondido de mejor manera a la emergencia sanitaria?, ¿cómo ha sido la respuesta en Morelia, Michoacán y el país? O, más en concreto: ¿En cuál de los tres debo confiar en que actuarán con responsabilidad frente a las situaciones excepcionales?

Este tipo de interrogantes las podemos trasladar a planos más inmediatos: los servicios públicos, la facilidad para abrir negocios, el alumbrado, el arreglo de los baches en las calles. Pero también a temas que nunca dejan de ser preocupantes: la inseguridad, la pobreza, la educación, el empleo. Hay otro factor: el grado de inteligencia que tiene el gobernante no sólo para atender las cuestiones coyunturales, sino para hacernos saber a todos que el Estado vela por nosotros tanto en las cosas grandes como en las pequeñas. Como dice también Chun Han: “Lo que constituye la vida del político es actuar en sentido empático”.

Con el tiempo, hemos llegado a la conclusión de que el presidente Andrés Manuel López Obrador nos ha quedado a deber en casi todas las asignaturas. En el de Raúl Morón, los yerros han sido más grandes que los aciertos. Y en el de Silvano, el gobernador logró romper la imagen de distanciamiento que parecía tener con los gobernados al adoptar políticas públicas que han ayudado al ciudadano a hacer menos difícil el tránsito en materia de salud.

Se dice que el mexicano es de memoria corta y que suele perdonar todos los desaciertos si se le habla bien y bonito. Sin embargo, tampoco es tan tonto como para no ver quién le produce satisfacción y quién no. De hecho, a esto último se debe la alternancia en el poder, que en los últimos años se ha registrado tanto en el país, como en el estado y la capital.

Así que ahora que han arrancado los preliminares de la próxima elección en Michoacán valdría la pena preguntarse si nuestro alcalde, nuestro gobernante y nuestro presidente han estado a la altura de lo que demandamos. Esto, para saber si les damos una segunda oportunidad a sus proyectos políticos o de plano los enviamos al baúl de los recuerdos. Queda tiempo suficiente para profundizar en el análisis y votar por un estadista que nos garantice satisfacción, no por un gerente que solo se dedique a administrar electoralmente los problemas.

Es decir, votar por alguien que nos garantice justicia y felicidad y que se empático con nuestras necesidades como ciudadanos. ¿Morón, Silvano, AMLO? La respuesta nos la están dando los propios gobernantes.

Email: jmochoa4@hotmail.com

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