Regreso al terror, bajo ninguna circunstancia

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El Tercer Ojo

Por Arturo Tzintzun Mora

Bajo ninguna circunstancia, Michoacán puede darse la concesión de regresar a la era del terror que vivimos durante el reinado que ejerció la criminalidad por más de una década.

En la memoria, aún está fresca la escena de los granadazos del 2008 en el centro de Morelia, con un saldo de ocho civiles inocentes fallecidos y más de un centenar de heridos. Todos, asistentes a la celebración del Grito de Independencia una noche del 15 de septiembre, frente al entonces gobernador Leonel Godoy, ahora operador electoral de Morena.

Aún está fresco en los recuerdos, el capítulo de la quema de empacadoras de limón y de aguacate; los actos incendiarios contra las estaciones de combustible, y el ataque a instalaciones estratégicas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Todavía se pecibe en la piel, el episodio de las decapitaciones en varios puntos de la geografía estatal. Una de ésas escenas, la del bar en Uruapan, quedó incluso eternizada en la cinta mexicana de “El Infierno”, basada en la guerra de narcotraficantes por el control de territorios.

Y ése infierno es el que no puede retornar a Michoacán. Bajo ninguna circunstancia se puede permitir su regreso.

Por ello, el despliegue de elementos de la Policía Michoacán en tres regiones estratégicas de la entidad, iniciado el pasado martes, es una media oportuna y necesaria.

El escenario de ese lanzamiento tenía que ser Apatzingán, histórico centro de operaciones de grupos delincuenciales que, desde ahí, dominaban en la era templaria toda la geografía estatal.

Lo sabe el gobierno federal. Por eso, Andrés Manuel López Obrador envió el martes a tres de sus hombres más fuertes en el Gabinete: los secretarios de Seguridad Pública, de la Defensa Nacional y de la Marina, en un franco espaldarazo al gobernador Silvano Aureoles.

El mensaje es claro: hay un cierre de filas del Estado mexicano para impedir el resurgimiento de grupos criminales en territorio michoacano.

Es cierto, la misión no es sencilla. Los criminales así lo han hecho saber y sentir, con capítulos de violencia protagonizados en los últimos días en Zamora y Uruapan, y con la humillación a elementos del Ejército en el municipio de La Huacana.

¡Vengan por nosotros, si pueden!¡, se escucha decir en el video, a uno de los civiles sometieron a 11 militares el pasado domingo para exigirles la devolución de las armas aseguradas durante uno de los operativos en la región.

El desafío fue claro, y la respuesta también.

Unas horas después, el gobierno de Aureoles lanzó la segunda fase del denominado Plan Integral de Seguridad en tres regiones estratégicas: Apatzingán, Lázaro Cárdenas y Coalcomán.

Y lo hizo con sus mejores policías.

Aquellos que cuentan con el Certificado Único Policial (CUP), como pocos en el país, tras haber acreditado todas las evaluaciones que contempla el Sistema Nacional de Seguridad Pública en la formación de los nuevos policías mexicanos.

El despliegue comprende a 17 municipios, entre estos La Huacana, Buenavista y Tumbiscatío.

Serán tiros de precisión, en una maniobra en donde los ayuntamientos de Morena tienen dos caminos: sumarse o ver a los criminales tomar control de sus territorios, al amparo de la omisión y la torpeza política.

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