El fin de la República y el paso a una isla de piratas

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El Tercer Ojo

Por Arturo Tzintzun Mora

Este martes Michoacán se vuelve a colocar en el escenario nacional al conocerse el asesinato del presidente municipal de Nahuatzen David Otlica Avilés. El edil habría sido secuestrado en la madrugada por un grupo armado y hallado muerto horas después.

El homicidio se presenta con en un contexto nacional caótico en cuanto a violencia e inseguridad se refiere y en un marco de frustración social respecto a los nulos resultados que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha presentado al inicio de su gestión.

Justamente se dan a conocer datos oficiales donde se reporte un aumento en los índices delictivos. El mes de marzo del presente año se reporta como el más violento desde 1997; es decir, desde que hay registros oficiales al respecto. Todas las modalidades de delito apuntan a un crecimiento preocupante.

Y la inoperatividad del gobierno federal “morenista” pasó de la decepción, la incapacidad y la inoperancia a la insensibilidad; baste como ejemplo citar la masacre ocurrida en Minatitlán Veracruz donde murieron al menos 12 personas inocentes en un conflicto entre criminales y López Obrador se manifestó al respecto hasta ser cuestionado por la prensa 72 horas después, y claro respondiendo solamente con evasivas, insultos y juicios sumarios, responsabilizando a los gobierno anteriores, a la prensa que no tiene a modo, al modelo económico y a todo lo que se le atraviese en el momento.

El asesinato del presidente municipal michoacano es el tercero desde que llegó el gobierno morenista al poder federal. Claramente se trata de la nula, o en el mejor de los casos, poca efectividad de la política establecida en contra del crimen; que por cierto ha sido cuestionada incansablemente desde que asumió el poder al referirse a ella de distintas formas y con propuestas de solución inexactas.

Nahuatzen vive una peculiar situación social; Otlica Avilés no había podido tomar posesión desde su triunfo debido al descontento del “Consejo Indígena” que ocupa la presidencia municipal; de hecho despachaba fuera de la población. El anterior presidente municipal Miguel Prado habría sido precursor de la caótica situación de la región al destinar los recursos públicos a las poblaciones de manera vertical y sin transparencia o bajo las normas establecidas de fiscalización.

Por cierto, en las mesas de negociación que buscan acuerdo al conflicto local, el gobierno federal brilla por su ausencia, no ha querido o no le ha interesado formar parte.
Al final del día, dirá la 4T, el conflicto trata de un vulgar pleito por el dinero público; los habitantes de las tenencias y el municipio pelean los recursos y la asignación del dinero.

Sería lamentable saber que la muerte del presidente municipal fue ocasionada por personas que buscan el control del presupuesto, estaríamos prácticamente hablando del fin de la República y del estado de derecho, para pasar al gobierno de un isla de piratas donde la muerte es moneda corriente en busca de controlar los dineros.

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