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CNTE: en ninguno de los extremos pinta la educación

El punto es que, de parte de la dirigencia de la sección 18 de la CNTE en Michoacán, no se conoce ningún compromiso para poner punto final al conflicto que en el estado empezó, prácticamente, con el inicio del año.

Ya está la seguridad de sus pagos; no se condicionaron sus bonos; el oficial mayor de la Secretaría de Educación Pública, Hector Garza, les reconoció y firmó atribuciones para el control de plazas y hasta del sistema de pagos; tienen la promesa presidencial de que será abrogada la reforma educativa, y nadie los molestará ni sancionará por el bloqueo a las vías del ferrocarril, toma y cierre de oficinas y prolongadas ausencias a sus centros de trabajo.

¿Y por parte de la Coordinadora qué compromisos hay? En los hechos, ninguno; es más, mantienen en alerta a sus bases, movilizadas, en espera de una nueva orden para radicalizar su “plan de lucha”.

El objetivo de los centistas es claro: ser decisivos en el modelo de educación que impulsará el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y consolidarse como una fuerza política real en el universo de la cuarta transformación, con acceso permanente a cargos, legislativos y de gobierno.

Quienes han seguido de cerca a la CNTE en los últimos años, e incluso quienes desde la academia, los medios y el activismo social han sido sus aliados, advierten que es el momento histórico para la Coordinadora y la oportunidad de equiparar fuerza, poder e influencia con el SNTE y el renacido gordillismo.

Incluso, en esa línea enmarcan las llamadas de atención de López Obrador la semana pasada a los dirigentes magisteriales: más consulta a las bases implica también más control… y la consolidación y reconocimiento de la Coordinadora, ya no sólo por su fuerza y capacidad beligerante, sino políticamente organizada, con canales de interlocución directos, confiables para el gobierno.

Por eso es que de parte de la CNTE en Michoacán no hay compromisos claros. Su apuesta es por espacios de poder político y la única forma que tienen de asegurarlos en la cuarta transformación es, por lo pronto, con el chantaje y la presión, toleradas además por el gobierno de la República.

Todo, mientras empiezan las negociaciones para la nueva reforma educativa. Hasta en tanto ven cumplida la promesa de no quedarse fuera de los grandes acuerdos, del principal para ellos: ejercer el control del sistema educativo.

Por ahí va. Al todo o nada. Lástima que en ninguno de los extremos aparezca la educación.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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