Malas noticias, preocupantes señales

Dos semanas y lo que sigue. Los maestros de la CNTE mantienen bloqueadas las vías del ferrocarril y si nos atenemos a lo dicho por el jefe de la Unidad Financiera y Administrativa de la SEP, Héctor Garza Gonzalez, y el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, todos tendrán que preocuparse… menos la Coordinadora.

Así es: el funcionario de la SEP ofreció al magisterio atender sus demandas, apoyarlos hasta lograr el estatus laboral que buscan los profesores y acompañarlos en sus demandas; no dejó de remarcar Garza González que no quedará nada de la “mal llamada reforma educativa” del peñanietismo.

Jimenez Espriú, en tanto, zafó de sus responsabilidades y áreas de competencia y de plano aventó la papa caliente al gobierno estatal, ‘exhortándolo’ a encontrar una pronta solución al conflicto magisterial y poner fin a los bloqueos.

Resultan preocupantes las aseveraciones de los funcionarios federales. Y no sólo por los bloqueos que -parece ser- continuarán, sino por la intención que asoma de cederle al sindicato el control del sistema educativo estatal, tanto en su conducción administrativa como en política laboral.

Esto último, a la larga, será de graves consecuencias para el país. Ya hemos visto a lo largo de los 30/40 años pasados lo que ha significado atar la educación en el país, presa de los intereses, acuerdos y complicidades de gobernantes y dirigentes sindicales, tanto de la CNTE como del SNTE, que también vuelve por sus fueros desde el excarcelamiento de Elba Esther Gordillo.

Hoy, nadie puede negarlo, la educación pública (sobre todo a nivel de la enseñanza básica) pasa por uno de sus peores momentos y en estados como Michoacán, los constantes paros, la falta de clases y la escasa inversión en infraestructura se ha convertido en un dolor de cabeza para los padres de familia, la sociedad en general, que empieza a no verla ya como una alternativa, descartándola de entre los pilares de las instituciones nacionales.

Pésima señal también la revelación de Garza y Jiménez Espriú de que se gobernará con distingos: justicia y gracia para aliados y amigos, ley a secas para el resto. Ya ni se diga para los considerados enemigos.

Ahora bien, ¿Sus dichos son oficiales de la Cuarta Transformación? Esperemos que no, la verdad, y que formen parte del recetario de despropósitos, frecuentes entre algunos integrantes del nuevo grupo gobernante.

Jiménez Espriú, por cierto, se empeña en mantener el liderazgo en ese grupo. Lleva una amplia y cómoda ventaja.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!


Noticias relacionadas