El año del cambio

2018, el año que terminó, será recordado como el parteaguas, el momento histórico en que el sistema político y de partidos dio el viraje y por primera vez el gobierno de la República quedó en manos de una opción de izquierda; con sus matices, pero seguidores y detractores de Andrés Manuel López Obrador seguro que en este punto tienen, tal vez, su única coincidencia.

El triunfo en las urnas del político tabasqueño y su asunción como presidente de México fue, sin duda, la noticia del año y sus repercusiones sociales, económicas, culturales y políticas aún están por verse, pero de que serán muchas y algunas significarán profundas transformaciones en el quehacer nacional tampoco está a discusión.

Es el “cambio” de régimen, el gobierno que significará la cuarta transformación del país, arenga en cada oportunidad López Obrador, quien mantiene y mantendrá -al menos los próximos tres años- una abierta confrontación con los grupos económicos y políticos que él identifica parte del “conservadurismo”, de la derecha “neofascista” y de la ‘mafia neoliberal’ que durante las pasadas cuatro décadas mantuvo las riendas del máximo poder en el país: el Ejecutivo federal.

Así es. Y que nadie se llame sorprendido: lo que empezó con en el histórico triunfo de Andrés Manuel López Obrador en julio de 2018 es apenas el esbozo de lo que viene: los intentos por demoler, desde la presidencia de la República, las estructuras del régimen neoliberal, para iniciar la construcción de los cimientos de un nuevo modelo. Será la prolongación de la disputa por el poder, que aún espera importantes batallas.

Sí, el año que terminó este lunes, será el parteaguas. Y quedará marcado en la historia, también, como el inicio del fin del partido dominante en México durante más de ocho décadas: el Revolucionario Institucional (PRI).

La derrota que sufrió el partido tricolor lo obligará a cambiar, a modificar sus viejos moldes y a reinventarse ante sus militantes. ¿Habrá oportunidad y tiempo para el renacimiento? En las actuales circunstancias, no.

El PRI, sus gobiernos locales y el federal que apenas terminó hace un mes, están identificados con los peores desastres que pegan en el ánimo de las y los mexicanos: la inseguridad, la violencia, la corrupción, el abuso y enriquecimiento desmedido, escandaloso desde el gobierno, la impunidad.

Este PRI derrotado, pilar que fue del régimen neoliberal, vivirá en los próximos tres años sus últimas batallas… siempre y cuando la ‘guerra’ intestina que se avecina por su control no lo ponga al borde de la desaparición, en la inanición, lo que también es un riesgo, una posibilidad real.

Así queda, pues, en el registro: el empoderamiento del lopezobradorismo con su partido Morena, y la caída del PRI, que parece definitiva, dieron la nota en el 2018, que será parteaguas en la vida y quehacer institucional del país.

Y a partir de ese momento es que se puede empezar a contar sucesos que son, serán parte de una nueva historia.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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