No a la perversidad, venga de donde venga

Una perversa irresponsabilidad resulta estar escuchando o leyendo insinuaciones de que el accidente en que murieron la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso, y su esposo el senador Rafael Moreno Valle fue producto de una acción ordenada desde la cúpula del actual grupo gobernante y de su partido Morena.

Una irresponsabilidad, porque ese tipo de insinuaciones no hace más que contaminar el ambiente y hasta la escena del crimen; una perversidad, porque no hay un solo indicio que indique que se trató de un crimen político, y porque los señalamientos pudieran revertirse en caso de que otros irresponsables sembraran en la escena la mano de la delincuencia organizada, en este caso de huachicoleros, que tanto creció durante el sexenio de Moreno Valle en Puebla (2011-2017).

Es una locura, un disparate, pretender entonces crear escenarios crimínales sin ningún sustento, sin ningún indicio y con la única evidente intención de sacar provecho político de tan lamentable accidente. Es una mezquindad.

Por respeto a las víctimas, vale esperar que impere la prudencia por parte de los actores políticos, que superen el síndrome del calendario electoral y que detengan la escalada de presunciones que enturbian el de por sí polarizado ambiente y alimentan el sospechosismo que en nada ha ayudado, por cierto, a sus progenitores.

En ese sentido, resulta más que oportuno, condenar y frenar la guerra de especulaciones que se ha desatado en las redes sociales y la cantidad de noticias falsas que se han dado a raíz del accidente que costó la vida a Alonso y Moreno Valle.

Exigir una investigación profesional que no deje dudas y que despeje el ambiente es otra cosa. Y en eso todos debemos coincidir.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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